
“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”
Reflexión
Isaías escuchó el llamado de Dios después de haber reconocido su pecado y haber sido purificado. Primero contempló la santidad del Señor, luego confesó su condición, recibió limpieza y finalmente oyó la pregunta «¿A quién enviaré?». Dios le estaba dando la oportunidad de responder voluntariamente a su llamado.
Antes de decir «heme aquí», Isaías tuvo que reconocer: «¡Ay de mí!». El servicio nació después de un encuentro profundo con la santidad de Dios. Dios no estaba buscando un voluntario entre muchos cuando preguntó quién iría. Estaba llamando a Isaías a responder. El profeta, ahora purificado, comprendía mejor tanto la santidad de Dios como la necesidad espiritual de su pueblo. Por eso no presentó excusas ni puso condiciones. Simplemente dijo: «Heme aquí, envíame a mí». El Señor todavía busca siervos dispuestos. No personas perfectas, sino personas que han sido confrontadas por su Palabra, limpiadas y que están dispuestas a obedecer.
¿Estoy disponible para lo que Dios quiera hacer conmigo? Quizá haya una persona a quien hablar, una tarea que asumir o un lugar donde servir. No esperes sentirte completamente preparado. Preséntate delante de Dios con un corazón dispuesto.
Este devocional es parte del ministerio de enseñanza bíblica del pastor Tomás Dahua. Copyright ©️ 2026.
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