
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.”
Reflexión
El salmista trae a nuestra mente una imagen muy angustiante sobre lo mucho que necesita a Dios, como un ciervo que busca agua con tantas ganas. Su alma anhela al Dios vivo como el cuerpo sediento necesita agua.
Hay una sed que ninguna comodidad puede calmar. Podemos descansar, distraernos, conversar con otros y ocupar cada hora del día, pero nuestra alma fue hecha para buscar a Dios. El salmista conocía muy bien el dolor de estar lejos del lugar donde adoraba junto al pueblo de Dios. Esa ausencia había afectado su alma. Algo parecido puede ocurrirnos. Cuando descuidamos la oración, la Palabra y la comunión con la iglesia, comenzamos a secarnos por dentro. Podemos parecer que seguimos nuestra vida con normalidad, cuando en realidad vamos perdiendo el hambre por Dios.
La respuesta a esa sequedad no es simplemente hacer más cosas. Es correr a la fuente. Dios mismo es lo que nuestra alma necesita. La sed espiritual debe llevarnos a buscarlo, y no más bien a sustituirlo.
La respuesta a esa sequedad no es simplemente hacer más cosas. Es correr a la fuente. Dios mismo es lo que nuestra alma necesita. La sed espiritual debe llevarnos a buscarlo, y no más bien a sustituirlo.
Pregúntate hoy, ¿cómo está mi sed por Dios? Si reconoces sequedad en tu alma, no la ignores. Busca al Señor en su Palabra, habla con Él en oración y no descuides la comunión y adoración junto a su iglesia.
Este devocional es parte del ministerio de enseñanza bíblica del pastor Tomás Dahua. Copyright ©️ 2026.
Para acompañar la reflexión
Canción sugerida
Como el Ciervo
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