
“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos”
Reflexión
Vemos en Jeremías que encontró en la Palabra de Dios algo que el pueblo de Judá había despreciado. Mientras muchos rechazaban la verdad del Señor, el profeta la recibía y la hacía suya, comparando su experiencia con la de alguien que come para alimentarse. Está claro que no era para él una información más, sino el alimento que sostenía su vida espiritual. Aun en medio de la oposición y del dolor de su ministerio, encontraba en ella gozo y alegría.
Podemos tener una Biblia a la mano y aun así, vivir sin alimentarnos de ella. Leer por costumbre, escuchar sin prestar atención o conocer sus palabras sin obedecerlas nos aleja del propósito de tener la Biblia con nosotros. Jeremías nos muestra una actitud totalmente distinta, recibió la Palabra, la hizo suya y encontró gozo en ella. No significa que siempre fuera fácil obedecerla ni que su ministerio estuviera libre de sufrimiento. Su alegría nacía de pertenecer al Señor y de vivir bajo su dirección. Necesitamos esa misma disposición. La Palabra de Dios debe formar nuestros pensamientos, corregir nuestros caminos y enseñarnos a mirar el pecado como Él lo mira. No basta con leerla; debemos recibirla con fe y permitir que gobierne nuestra vida, incluso cuando nos confronte.
Hoy, al leer la Biblia, no te apresures por terminar. Detente un ratito a comprender lo que Dios ha dicho, examina tu corazón y piensa cómo debes responder. Si su Palabra señala un pecado, arrepiéntete. Si te muestra un camino recto, síguelo. Busca en ella el alimento que tu alma necesita cada día.
Este devocional es parte del ministerio de enseñanza bíblica del pastor Tomás Dahua. Copyright ©️ 2026.
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